Preparación del Parto

Preparación del Parto

Existen programas para preparación al parto, en donde se facilita información sobre todo lo relacionado con el embarazo, el parto y el puerperio.

El objetivo de la preparación al parto es que la maternidad sea una experiencia positiva para la madre y su pareja.

En estos “cursos de preparación a la maternidad” la pareja desempeña juega un papel muy importante.

Los cursos suelen comenzar sobre el sexto o séptimo mes de la gestación y continúan a las seis semanas de dar a luz con las clases de postparto.

La información facilitada en las clases teóricas tiene como objetivo disminuir el miedo al parto así como proporcionar las primeras nociones sobre el cuidado del recién nacido.

Con las clases prácticas se consigue que la mujer aprenda a relajarse y a respirar de forma adecuada en cada momento del parto.

Las clases postparto comienzan generalmente a las seis semanas del parto y en ellas se tratan temas relativos al desarrollo psicomotor del bebé, calendario de vacunaciones, lactancia, el papel del padre, la adaptación psicológica de la mujer a la nueva situación, etc.

EL PARTO

El parto se desencadena normalmente entre las semanas 37 y 42  de la gestación.

Los días previos al parto (pródromos de parto) ocurren una serie de procesos que avisan de la proximidad del nacimiento como el descenso del abdomen, la disminución de los movimientos fetales, la aparición de contracciones irregulares y de corta duración y la expulsión del tapón mucoso.

Durante esta fase no es necesario acudir al hospital ya que aún no ha comenzado la dilatación del cuello del útero.

Sin embargo, los síntomas de parto que sí hacen necesario consultar con el ginecólogo son: contracciones regulares, dolorosas, de al menos 1 minuto de duración y con una frecuencia mínima de 2 contracciones cada 10 minutos; rotura de la bolsa amniótica (romper aguas); sangrado vaginal abundante acompañado o no de contracciones dolorosas; ausencia de movimientos fetales.

Cada parto es diferente pero todos pasan por las mismas fases: dilatación, expulsivo y alumbramiento. La dilatación es la primera fase del parto y se mide en centímetros, la matrona va siguiendo el proceso mediante exploraciones vaginales periódicas.

La segunda fase del parto es El periodo expulsivo. Comienza cuando la dilatación se ha completado y finaliza con el nacimiento del bebé. Durante la dilatación y el expulsivo se controla el estado del feto y las contracciones del útero mediante la monitorización.

A veces es necesario recurrir durante el período expulsivo a la utilización de un instrumento, ya sea fórceps, espátula o ventosa (parto instrumental), donde será una especialista en Obstetricia y Ginecología quien lo realice.

Las indicaciones de estos instrumentos son generalmente en periodos de expulsivos muy prolongados y para acortar su duración en casos de patología materna o cualquier situación que contraindique los pujos maternos como las cardiopatías, la miopía magna, la patología de pulmón o el desprendimiento de retina.  En los casos de sufrimiento fetal, agotamiento materno o distocia de rotación también está indicado el parto instrumental.

  • Fórceps: Son dos ramas articuladas que se introducen en la vagina y se aplican lateralmente en la cabeza del feto. Estas ramas ayudan a rotar y a que el bebé descienda.
  • Ventosa: Es una pieza de metal, silicona o plástico, en forma de copa que se introduce en la vagina y se coloca sobre la cabeza fetal. Se conecta con una bomba que hace vacío y se tracciona de ella suavemente en cada contracción para ayudar a que el bebé descienda. No sirve para rotar la cabeza, a diferencia del fórceps.
  • Espátulas: Son dos ramas parecidas al fórceps pero no van articuladas entre sí. Actúan por pulsión y no por tracción como el fórceps. Es decir, la acción que ejercen las ramas es la de apalancar la cabeza fetal hacia fuera.

La Dra. Luque tiene experiencia en este tipo partos, al igual que en los eutócicos (sin ayuda instrumental).

Sea cual sea el instrumento empleado, la paciente debe saber que con la anestesia epidural no se va a notar ningún dolor, sólo presión a nivel de la vagina. Pueden producirse pequeños desgarros a nivel del periné, que serán reparados inmediatamente después de finalizar el parto.

LA CESÁREA

La cesárea es una técnica quirúrgica que se practica para extraer al bebé y a la placenta del útero materno, cuando por alguna razón el parto vaginal no es posible. Ocurre con bastante frecuencia, ya que uno de cada cuatro bebés nacen por cesárea.

La cesárea se realiza en quirófano por dos ginecólogos. Además, estará presente un anestesista, una enfemera para el instrumental y otra enfermera circulante. Se suele emplear anestesia epidural (sólo duerme de cintura para abajo). Se coloca siempre antes de la anestesia un catéter endovenoso para mantener la hidratación, y para cualquier medicación que deba usarse durante la operación, que siempre es intravenosa. Se aplica una solución antiséptica en el abdomen.

Aunque el parto vaginal es lo deseable, en ocasiones, debido a factores maternos o fetales, puede ser necesario practicar una cesárea.

Indicaciones maternas                

  • Mujeres con dos o más cesáreas previas.
  • Cirugía previa sobre el músculo uterino (miomas, etc.)
  • Una cesárea previa y persiste la causa por la que se indicó, como por ejemplo una deformidad de la pelvis.
  • Enfermedad materna grave (cáncer, cardiopatías, etc.).
  • Fístulas urinarias o intestinales graves.
  • Cáncer del cuello del útero.
  • Estrechez pélvica importante y evidente desproporción entre el tamaño de la pelvis y el tamaño del feto (cefalo-pélvica).

Indicaciones fetales

Gestación múltiple (primer feto de nalgas, cuello cerrado, etc.).

  • Malformación del feto que dificulta el trabajo de parto.
  • Placenta previa oclusiva total.
  • Situación fetal:  transversa u oblicua. Feto de nalgas
  • Prevención de infección fetal por infección del canal de parto (VIH, herpes, condilomas, etc.).

Podrían considerarse circunstancias en las que hay un alto interés fetal, como esterilidad de varios años con diversos tratamientos en los que finalmente se consigue un embarazo, o situaciones de muertes fetales previas, repetitivas.

Indicaciones urgentes de una cesárea durante el embarazo

La decisión se toma una vez iniciado el trabajo de parto o antes del inicio del parto. No puede haber retraso entre la decisión de cesárea y su realización.

  • Prolapso de cordón umbilical.
  • Desprendimiento prematuro de la placenta.
  • Placenta previa con abundante sangrado.
  • Sospecha de sufrimiento fetal.
  • Sospecha de rotura uterina.

Indicaciones durante el trabajo de parto

La cesárea se realiza una vez iniciado el trabajo de parto, alcanzada una dilatación concreta con bolsa rota y al menos dos horas de contracciones uterinas adecuadas.

  • Sufrimiento fetal.
  • Cabeza del bebé demasiado grande o posición impide para pasar a través del canal del parto normal.
  • Dilatación del útero insuficiente.
  • No existe progresión del parto.
  • Placenta desprendida.
  • Cesáreas anteriores.
  • Que la madre tenga en el momento del parto un herpes genital o tumores en el canal del parto
  • Nudos o vueltas en el cordón umbilical que puedan rodear el cuello del niño.
  • Embarazo múltiple.
  • Enfermedades maternas.

Cuidados de la cesárea

Los cuidados después de la cirugía consistirán en usar una faja que comprima el abdomen para evitar que se abra la cicatriz. Se aplicará calor para aliviar el dolor y la herida se lavará suavemente. Al igual que en un parto vaginal, no debe tener relaciones sexuales hasta aproximadamente seis semanas después de haber dado a luz.

La doctora le dará instrucciones acerca de la recuperación normal de las actividades cotidianas. Conviene restablecerlas tan pronto como sea posible para favorecer la recuperación muscular. Le recomendará caminar frecuentemente, que puede aliviar ciertas molestias, activar los movimientos intestinales y prevenir que se formen coágulos.

En general, se recomienda evitar un nuevo embarazo en un periodo de tiempo que oscila entre los 6 y 12 meses después de la práctica de una cesárea.

Al salir del quirófano encontrarás que tu herida está tapada con un apósito quirúrgico. Dicho apósito se vigilará para constatar que no existe sangrado. La tendencia actual, si la evolución de la cicatriz no tiene complicaciones, es vigilar signos de infección, sangrado o apertura de la herida. Se debe lavar la misma con agua y jabón neutro, además de secarla minuciosamente a “toques” y dejarla al aire.  Se pueden colocar unas gasas o compresa para evitar la fricción entre los pliegues de la piel o con nuestra ropa. Lo más importante es que la herida esté siempre limpia y seca. Es conveniente vestir con prendas de algodón que permitan la transpiración, pues otros materiales pueden propiciar un caldo de cultivo para diversos microorganismos que podrían infectar la herida.

Una vez dada de alta en el hospital, se realizará revisión de la herida quirúrgica; la cita será a los 10 o 12 días después de la cesárea. En esos días, debes vigilar cómo evoluciona la herida, si se inflama, se enrojece o duele al contacto, si se abre algún borde, si supura o tiene algún tipo de secreción o sangrado. Si esto ocurre, no dudes en acudir antes a consulta. Si después de estos días, la herida tiene un estado óptimo, se retirarán los puntos o grapas. Si la herida aún no está completamente cerrada, se pueden retirar algunos puntos o grapas y se le citará de nuevo para completar la valoración y retirada del resto de la sutura. Una vez retirada la sutura y cicatrizada la herida, se puede aplicar crema hidratante o aceite de Rosa Mosqueta para ayudar a recuperar la elasticidad de esa zona, ya que al principio puede sentir tirantez, dolor o molestias en el abdomen. No es recomendable que le dé el sol en esa zona hasta pasados al menos 6 meses de la cesárea, para evitar cambios en la pigmentación del nuevo tejido formado en la cicatriz.

Cicatrices

En la actualidad, se tiende a dejar la cicatriz horizontal por debajo de la línea del bikini, por razones estéticas. Para cerrar una cesárea se pueden utilizar dos técnicas: los hilos o las grapas. Aunque en el pasado las grapas dejaban mucha marca, hoy en día sus efectos en la piel son semejantes a los de los puntos.

El Dr Joaquín Navarro, cirujano plástico en Jaén, puede hacer que mejoren esas cicatrices, incluso de una cesárea antigua.

La evolución de una cicatriz sin complicaciones suele ser hacia un tono rosado y sin relieve, que posteriormente irá madurando hasta convertirse en una cicatriz lineal blanquecina. Sin embargo, alrededor del 5% de las mujeres pueden desarrollar cicatriz hipertrófica o queloidea (crecimiento anormal del tejido cicatrizado: la cicatriz se engrosa y puede doler o picar). Estos queloides son más habituales en mujeres de piel oscura.

La Dra. Carolina Luque y el Dr. Joaquín Navarro podrán tratar estas cicatrices hipertróficas y queloideas (queloides) para que el resultado sea satisfactorio.

Recuperación de la figura

No debe centrarse en “tener un vientre plano”, comience a realizar ejercicio moderado acorde a su estado físico previo. Es recomendable caminar, nadar y evitar ejercicios de impacto y que conlleven saltar. Una dieta equilibrada, buena ingesta hídrica y un aumento progresivo de su actividad física (ejercicio “aeróbico”) le ayudará a recuperar el estado previo al embarazo, y comenzarlo unas 8 semanas después de la cesárea.

 Tras las revisiones ginecológicas y de la herida quirúrgica, se pueden comenzar con técnicas para ejercitar la musculatura perineal. Posteriormente, se podrá trabajar los músculos abdominales.

EL ALUMBRAMIENTO

Es la última fase y comprende desde la expulsión del feto hasta la expulsión de la placenta, el cordón y las membranas.

PUERPERIO O CUARENTENA

El puerperio es el período que transcurre desde el final del parto hasta la recuperación de los órganos genitales y la reaparición de la menstruación.

Suele durar entre 6 y 8 semanas y se divide en tres fases o etapas: el puerperio inmediato (dos primeras horas después del parto); el puerperio clínico (hasta el alta del hospital) y, finalmente, el puerperio tardío, desde el final del puerperio clínico hasta la primera menstruación.

Son frecuentes el cansancio, los sentimientos de tristeza, la sensación de incapacidad de sentirse buena madre. La ayuda de tu pareja es fundamental para superar con éxito esta etapa de adaptación.

Durante este periodo pueden aparecer diversas molestias: entuertos (contracciones del útero para facilitan su involución) que pueden ser dolorosas; aumento de la temperatura corporal y escalofríos tras el parto que pueden coincidir con la subida definitiva de la leche; hemorragia  cuya cantidad irá disminuyendo según pasen las horas; hemorroides debidas a los esfuerzos realizados durante el trabajo del parto y grietas en el pezón al comienzo de la lactancia.

Al final del puerperio es imprescindible una evaluación por la Dra. Luque para comprobar que todo está correcto: solicite cita en nuestras consultas de Jaén y Linares.

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